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De la genialidad de Agatha Christie al fenómeno de Penélope Cruz

Una entrevista de M. Güell para ABC

Agatha Christie en El Cairo

«Pequeñas historias de todo tipo de mujeres». Así define la escritora su quinta aventura literaria. Carmen Güell ha removido las biografías -desde la antigua Grecia hasta nuestros días- de más de cien mujeres. Bajo el frívolo título de «El Versace de Penélope Cruz» (editorial Styria) se esconden mujeres de toda índole y condición.

-¿Por qué eligió a Penélope?
-Sin duda es una actriz muy mediática que puede atraer a muchas lectoras... Y la anécdota de que se puso un vestido de Versace tras dejar en casa uno de Dior en la ceremonia de los Oscar dio la vuelta al mundo. Es curioso que un simple cambio de vestido pueda ser tan importante pero invita a la reflexión del papel que juega la prensa rosa.

-¿Cómo fue la criba?
-Hay tantas vidas distintas como número de seres humanos. La selección fue de forma espontánea; la idea era encontrar alguna anécdota de cada una que llamara la atención.

-¿Algún antojo a la hora de la selección?
-Alguno... Por ejemplo incluir a Agatha Christie a la cual le tengo gran admiracón porque me gusta mucho la novela policíaca como lectora y porque creo que es muy difícil conseguir crear una intriga. También incluyo a Mary Quant que fue pionera en el mundo de la moda porque inventó la minifalda.

-¿Qué tipo femenino tiene más interés?
-Las reinas son un filón; las actrices; las cantantes líricas...

-¿Conclusiones?
-Las mujeres siguen siendo las grandes desconocidas y por supuesto es mucho más fácil encontrar biografías de hombres que de mujeres. Pero no creo que ellas sean las buenas de las películas, ni mucho menos...

-¿Con esta selección reivindica alguna cosa?
-La libertad que cada una pueda elegir. ¿Cuántas escritoras han tenido que escribir bajo seudónimo? Creo que el s. XXI es el siglo de la mujer.


Noticia extraída de aquí

Josefina desea que le publiquen sus poemas


Un reportaje de Nancy González Soto para el Diario Local de México

Cada fin de semana y puntualmente a su cita de trabajo, Josefina Gutiérrez Martínez, de 65 años, recorre los negocios de la Avenida Juárez en busca de que los clientes de estos lugares le compren sus flores a fin de mantenerse ella y una de sus nietas, a quien le dejó encargada al morir su hija hace más de 11 años.

“Ella está conmigo desde que tenía dos años y medio. Ahora tiene 13 años y tengo que sacar energía para ver por ella”, señaló.

A pesar de ser secretaria de profesión y florista experimentada, la verdadera pasión de Josefina es la poesía, por lo que en sus tiempos libres escribe sus vivencias, cuidando siempre la rima y la métrica.

“En noviembre le hago sus calaveras a mis hijos y a mis amigos. Tengo varios poemas famosos entre la gente que me conoce, tal vez el más popular es “El cuadro”, que le escribí al borracho de mi marido, narró la mujer mientras descansaba en la cocina de la casa de una de sus hijas.
Expresó que su sueño, y tal vez el regalo perfecto para esta Navidad, es que alguien se interese en publicar su trabajo como escritora, ya que le pone un gran empeño y le dedica horas de su tiempo libre a sus poemas y escritos.

“Estoy escribiendo mi biografía y creo que está quedando muy bien. Yo vine a este mundo a aprender y estoy plasmando mis vivencias dolorosas y alegres”, agregó.

Josefina dijo que la gente puede estar interesada en leer su autobiografía porque la vida de todas las personas es interesante, ya que todos tenemos sentimientos, actitudes y pensamientos únicos que nos hacen especiales.

Indicó que su historia es un testimonio de superación, ya que su marido la maltrataba, pero pudo superarlo una vez que dejó el papel de víctima y decidió enfrentar sus dudas y temores.
“Yo tomé mi 50 por ciento de culpa y me deshice de lo que no era mío y me hacía daño. De esa forma pude salir de ese círculo vicioso”, acotó la mujer.

Los años no han pasado en vano y, aunque Josefina dice que ya no tiene suficiente energía para caminar por horas para comprar las flores y muñecos y luego ir a venderlos, dice tener muchas ganas de salir adelante.

Sus largas caminatas por más de 27 años por los negocios de la Avenida Juárez ya han hecho mella en sus pies, pues le salieron espolones y necesitaba unos zapatos ortopédicos que mitigaran el impacto al caminar, mismos que deseó por años.

“Estuve ahorrando, pero siempre salía algo y ya no los compraba, pero tengo cuatro hijos maravillosos que cooperaron para comprarme mis zapatos ortopédicos y ahora ya no me molesta caminar”, comentó Josefina.

La mujer dice que añora los días en que fue secretaria en Ferrocarriles Mexicanos, ya que “era muy buena y eficiente en su trabajo”, pero que una vez que se casó ya no pudo seguir con su carrera y se dedicó a su hogar.

“Yo empecé a vender flores por necesidad, para mantener a mis hijos y ahora a mi nieta. No me da para mucho pero, si no me llega más dinero, es porque Dios sabe que no lo sabría manejar o que tengo todo lo que necesito”, manifestó.

A pesar de que su pasión es la poesía, Josefina también gusta de declamar lo que escribe e, inclusive, ha ganado algunos concursos.

“Yo fui la declamadora oficial de mi escuela por muchos años y también me gustaba cantar. Una vez gané el primer lugar del concurso de aficionados del ejido y me gané 100 pesos y un viaje a la ciudad de México, pero me dio miedo ir sola”, dijo con orgullo mientras su rostro se iluminaba con una sonrisa.

La mujer dice no lamentar nada de lo que ha hecho en su vida, ya que toda experiencia -buena o mala- le ha dejado una enseñanza útil y ha aprendido a respetar a toda persona que se encuentra a su paso.

Manifiesta que le gusta la Navidad porque tiene tiempo de reflexionar y convivir con su familia que, aunque de una forma modesta, comparten los alimentos y pasan momentos agradables.
Agregó que se siente muy orgullosa de toda su familia, ya que juntos han aprendido a salir adelante y a superar las trabas que se han encontrado en el camino.

A pesar de contar con un espíritu fuerte, el cuerpo de Josefina a veces no responde como lo hacía hace algunos años, pero aún así se empeña en que sus arreglos florales con muñeco o una rosa solitaria sean lo suficientemente especiales para alegrar la vida de alguien o arrebatarle una sonrisa.

Noticia extraída de aquí

Retro cómic: Carol, ama de casa.



Imagen extraída de aquí

Clásicas y modernas, un artículo de Gemma Lienas


Hace unos días, una editorial catalana me mandó un mensaje en el que recomendaba una novedad, cuya excelencia refrendaban 12 expertos. Y, aquí, el masculino plural se corresponde con la realidad que representa: 12 varones. Inmediatamente, una se pregunta por esa falta de presencia femenina. ¿Es éste un caso aislado o un síntoma de una enfermedad sistémica y pertinaz? Para comprobarlo, busco más datos.

En el terreno de las instituciones, el Institut d'Estudis Catalans lo componen 36 personas, de las que el 20% son mujeres. En la Real Academia Española hay 42 miembros, de los que sólo el 7% son mujeres.

En el de los premios, desde 1985 hasta 2009, el Ciutat de Barcelona de literatura, otorgado por el Ayuntamiento, ha ido el 91,5% de las veces a manos de hombres y sólo el 8,5% a mujeres. El Nacional de Literatura Catalana, que entrega la Generalitat, ha correspondido, desde 1995, una vez a una mujer y las 14 restantes a hombres. El Nacional de Literatura del Ministerio ha sido ganado desde 1977 sólo el 6,5% de las ocasiones por mujeres, y el Cervantes, desde 1976, el 6%.
Tampoco parece razonable la proporción entre obras de mujeres y de hombres merecedoras de la atención de la crítica. Según un estudio realizado sobre los suplementos literarios de dos periódicos de ámbito estatal (Manifiesto por la igualdad en la cultura que aparece en el blog de Clásicas y Modernas), en enero de 1980 el 16% de las obras comentadas habían sido escritas por mujeres. En enero de 2005, el porcentaje había descendido hasta el 11%.

El mensaje que de forma recurrente lanzan los medios de comunicación, esto es, que las mujeres dominan el mundo de las letras, queda, pues, desmentido por la contundencia de estos datos.
Tal vez ese desequilibrio se deba a que las mujeres escriben menos, se dice una. Estudiando los catálogos de las principales editoriales castellanas y catalanas, la proporción es aproximadamente del 75% de escritores frente al 25% de escritoras. Efectivamente, por cada tres hombres sólo hay una mujer escritora y, sin embargo, ese 25% se halla infrarrepresentado en todos los terrenos.
Entonces, tal vez sea que las mujeres escriben mal. Rematadamente mal. La respuesta más inteligente a esta hipótesis es la de Laura Freixas (Literatura y mujeres) frente al argumento de que todas las escritoras -excepto alguna como Duras o Yourcenar- producen "literatura mal escrita que utiliza como coartada el ser hecha por y para mujeres". A lo que Freixas responde:

"Bastará, pues, que las interesadas demuestren que están a la altura de Duras y Yourcenar, que es la altura mínima a la que está cualquier varón que coja la pluma, cosa bien sabida y que hace innecesaria, para ellos, cualquier demostración".

Y es que las mujeres que escriben se tropiezan, en general, con mayor número de obstáculos, el más importante de los cuales son los prejuicios nacidos de una concepción androcéntrica del mundo. Así, literatura femenina se usa, salvo contadas excepciones, como sinónimo de mala literatura. Y es que nuestra crítica oficial sigue considerando válida la terminología de Cortázar (cuyo sexismo era casi tan formidable como su calidad literaria), el cual estaba convencido de que existen dos tipos de lectores: los hembra, que tragan mucho. Y los macho, que -¿lo dudaban?- tienen criterio.

Para luchar contra ese arrinconamiento e invisibilidad de las mujeres no sólo en el terreno de la literatura, sino también en el de la música, el teatro, el cine, el periodismo... -en definitiva, la cultura- nació hace pocos meses la asociación Clásicas y Modernas. Es una asociación que tal vez pueda llegar a sacudir las neuronas de la RAE e inducirla a sentar en uno de sus sillones a Carme Riera o a Cristina Fernández Cubas, por ejemplo. Que tal vez pueda ayudar a desmontar viejos estereotipos trasnochados, que, al repetirse, perpetúan las desigualdades. Que tal vez pueda dejar claro que no existe una "literatura de mujeres", sino sólo literatura; que la altura de quien escribe nada tiene que ver con el sexo.

Información extraída de aquí
Imagen: Equipo Crónica
(Diario El País edición Cataluña)

Viejas glorias, un relato de Sonia San Román



Nací
cuando la virgen de Fátima
se apareció a los pastorcitos.
Cuando en Rusia empezó el comunismo.
Cuando en Europa se acabó la guerra.
Nací poeta en esta vida perra.

Gloria Fuertes (Madrid, 28 de julio de 1917 - ídem, 27 de noviembre de 1998)


En 1917 un grupo de soldados alemanes sumergen un submarino en el mar del Norte provocando una sucesión de olas de cuatro metros que acabarán por hundir una pequeña embarcación de pescadores que se encontraba cerca de la costa.
Los tripulantes se salvan milagrosamente de la muerte pero vuelven a casa con signos evidentes de hipotermia.
Algunos sólo tienen el virus de la gripe. El pescador Bert Verstraeten lanza un estornudo que viaja primero por la alcoba en la que está acostado en una vieja casa herencia de su padre cercana a la Mark Plazt de Brujas y luego, por la plomiza atmósfera neerlandesa a una velocidad de 160 kilómetros por hora. Las bacterias molestas, pero prácticamente inofensivas para el señor Verstraeten, llegaron en cinco días y tres horas hasta la cama parisina del pintor Edgar Degas ocasionándole un estornudo y, dos meses más tarde, la muerte.
Justo encima de su tumba, en el cementerio de Montmartre de París, un gorrión picotea las semillas de las flores secas de unos ramos de margaritas. Levanta el vuelo a las doce en punto, asustado por las campanadas de algún reloj cercano que anunciaba el mediodía y se posa, exhausto, en el bordillo de una ventana abarrotada de la prisión de Saint-Lazare donde se entristecía sola una marchita Mata Hari.
Cuando vuelve a marcharse, el gorrión pierde una de sus plumas cerca de uno de los barrotes oxidados y los pensamientos de la bailarina viajan hasta Madrid, donde vistió por última vez su elegantísimo foulard de plumas de marabú mientras espiaba, para una Francia que la acusaba de traidora, al embajador de los alemanes. Cerraba los ojos y veía con todo lujo de detalles las suntuosidades del Hotel Palace, ajeno al mundo convulso donde agarraba sus cimientos. Cuando los abría, contemplaba la mugre que la rodeaba en la prisión, impropia de una cortesana de su altura, y recordaba a los sucios obreros madrileños, a punto de alzarse en huelga general, que la observaban lascivos y admirados, como quien observa un sueño sólo alcanzable para señoritos en el barrio de Lavapiés de la capital de España.
Allí mismo, en Lavapiés, en una humilde buhardilla de la calle de la Espada, el 28 de julio, una matrona robusta empapada en sudor con trazas de elefanta vieja, propinaba un azote más brusco de lo común en las nalgas de una recién nacida, para adiestrarla desde el principio en las crueldades de la vida. El azote, lejos de producir el efecto deseado, desencadenó una serie de prodigios contra natura aún inexplicables según los parámetros del empirismo científico y la pequeña lanzó una sonrisa desdentada y limpia con un ligero gorjeo.
La niña Gloria acababa de convertirse en poeta.

Beirut, I love you de Zena El Khalil


Beirut me disparó al corazón una y otra vez. Siempre era una sorpresa. Siempre era un final y un nuevo comienzo. La mañana después de una botella de vodka. Un renacimiento. Beber agua después de comer helado. Los escalofríos que produce una canción maravillosa. El ataque de pánico después de fumar hachís. Los fantasmas en los túneles. Los miles de personas, diecisiete mil para ser exactos, que siguen oficialmente desaparecidas. Son las fosas comunes aún sin descubrir. Son las ejecuciones que vendrán a continuación. Es una operación de reconstrucción del himen. Es la adicción a la siguiente bomba. Es el pintalabios naranja. Es resguardarse bajo los emparrados. Es estar montando en bicicleta cuando deberías estar eligiendo un marido. Es
ponerse un vestido de novia y correr por las calles de Beirut. Es descubrir la religión a través del sexo. Es descubrir la música a través de la guerra. Es comer queso en lonchas con pan de pita. Es beber whisky con tres hielos, ni uno más ni uno menos.
Es llorar mientras duermes.
Es vomitar moscas negras.
Es matar mientras tienes un orgasmo.
Fragmento de Beirut, I love you de Zena El Khalil. Ediciones Siruela, 2009.

Mujer de barro. Un poema de Ángela Figuera Aymerich


Mujer de barro soy, mujer de barro:
pero el amor me floreció el regazo.

Mujer
¡Cuán vanamente, cuán ligeramente
me llamaron poetas, flor; perfume!

Flor; no: florezco. Exhalo sin mudarme.
Me entregan la simiente: doy el fruto.
El agua corre en mí: no soy el agua.
Árboles de la orilla, dulcemente
los acojo y reflejo: no soy árbol.
Ave que vuela, no: seguro nido.

Cauce propicio, cálido camino
para el fluir eterno de la especie.

Irán según Marjane Satrapi en Persépolis


Mafalda









Celestina

CELESTINA.- Recibí, señor, tanta alteración de placer, que cualquiera que me viera me lo conociera en el rostro.

Ante el Silencio de Lispector


Si no hay valor, que no se entre. Que se espere el resto de la oscuridad frente al silencio. Con sólo los pies mojados por la espuma de algo que se extiende dentro de nosotros. Que se espere. Uno indisoluble por el otro. Uno al lado del otro. Dos cosas que no se ven en la oscuridad. Que se espere. No el fin del silencio, sino el bendito auxilio de un tercer elemento, la luz del alba.

Después nunca más se olvida. Inútil huir a otra ciudad. Pues cuando menos se espera se le puede reconocer —de repente. Al cruzar una calle en medio de las bocinas de los coches. Entre una y otra carcajada fantasmagórica. Después de una palabra dicha. A veces en el mismo corazón de la palabra. Los oídos se asombran, la mirada se desorbita. Desde entonces es fantasma.

Párrafo de Silencio, de Clarice Lispector

Foto de Inma Luna

Ya no hay mujeres como las de antes

Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo. Especialmente, su plato favorito. Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado y placentero.
Prepárate: retoca tu maquillaje, coloca una cinta en tu cabello. Hazte un poco más interesante para él. Su duro día de trabajo quizá necesite de un poco de ánimo, y uno de tus deberes es proporcionárselo.
Durante los días más fríos deberías preparar y encender un fuego en la chimenea para que él se relaje frente a él. Después de todo, preocuparse por su comodidad te proporcionará una satisfacción personal inmensa.
Minimiza cualquier ruido. En el momento de su llegada, elimina zumbidos de lavadora o aspirador. Salúdale con una cálida sonrisa y demuéstrale tu deseo por complacerle. Escúchale, déjale hablar primero; recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos. Nunca te quejes si llega tarde, o si sale a cenar o a otros lugares de diversión sin ti. Intenta, en cambio, comprender su mundo de tensión y estress, y sus necesidades reales. Haz que se sienta a gusto, que repose en un sillón cómodo, o que se acueste en la recámara. Ten preparada una bebida fría o caliente para él. No le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que es el amo de la casa.
Anima a tu marido a poner en práctica sus aficiones e intereses y sírvele de apoyo sin ser excesivamente insistente. Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres. Al final de la tarde, limpia la casa para que esté limpia de nuevo en la mañana. Prevé las necesidades que tendrá a la hora del desayuno. El desayuno es vital para tu marido si debe enfrentarse al mundo interior con talante positivo.
Una vez que ambos os hayáis retirado a la habitación, prepárate para la cama lo antes posible, teniendo en cuenta que, aunque la higiene femenina es de máxima importancia, tu marido no quiere esperar para ir al baño. Recuerda que debes tener un aspecto inmejorable a la hora de ir a la cama. Si debes aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera hasta que él esté dormido, ya que eso podría resultar chocante para un hombre a última hora de la noche. En cuanto respecta a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales: si él siente la necesidad de dormir, que sea así, no le presiones o estimules la intimidad. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. Es probable que tu marido caiga entonces en un sueño profundo, así que acomódate la ropa, refréscate y aplícate crema facial para la noche y tus productos para el cabello. Puedes entonces ajustar el despertador para levantarte un poco antes que él por la mañana. Esto te permitirá tener lista una taza de té para cuando despierte.

Sacado de "Economía doméstica para bachillerato y magisterio" Sección Femenina 1958 y de aquí.

EliZabeth Bishop: Un arte


UN ARTE

No es difícil dominar el arte de perder;
tantas cosas parecen rebosar del deseo
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la irritación
de las llaves extraviadas, la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.
Practica después perdiendo más, y más rápido:
lugares, y nombres, y los sitios a los que quisiste viajar.
Ninguna de estas pérdidas será un desastre.
He perdido el reloj de mi madre. ¡Y mira!, la última
o la penúltima de las tres casas que he amado se perdió.
No es difícil dominar el arte de perder.
He perdido dos ciudades preciosas. Y más aún:
algunos reinos que poseía, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue un desastre.
Incluso perdiéndote a ti (la voz risueña, un gesto que
amo) no habré mentido. Es evidente
que no es demasiado difícil dominar el arte de perder
aunque parezca (¡escríbelo!) parezca un desastre.

ELIZABETH BISHOP

Traducción de Berna WANG
La foto es de una de las casas en las que vivió Elizabeth Bishop.

Diane Wakoski: El mecánico


El mecánico


La mayoría de los hombres usan
los ojos
como metrónomo
para marcar el compás
del caminar de una mujer
cómo sus caderas se ciñen
contra la tela, igual que los higos
en el árbol
justo antes de reventar
sus moradas pieles,
para medir qué tanto
de su andar emplea en la cama
de noche,
la jarra del cielo
llenándose de vía láctea
centellea cada vez
que ella mueve los labios.

pero, claro,
los secretos
no son los golpes obvios
en la canción
que cualquier baterista puede dar

oyendo la velocidad del motor
—hecho también de golpes—
tan rápidos,
sutiles, supongo,
que llegan como un sonido continuo
o el corazón que, por supuesto,
golpea sin ventilador
que lo mantenga
fresco;
es una prueba,
un ritmo,
que no podrían ver
aquellos ojos medidores
aunque tal vez haya algunos
con dedos y oídos
tan cerca de los motores
con aceite limpio circulando por los oídos
que depure la sesera,
quizás algunos...

puedan decir
en qué consiste
el secreto sangrar de una mujer

Como mujer
con estrellas untuosas
en todos los puntos
de mi piel
nunca podría
fiarme de un hombre
que no fuera mecánico;
un hombre que usa sus
ojos,
sus manos,
escucha
al
corazón.

DIANE WAKOSKI

(Poema tomado de www.materialdelectura.unam.mx)

Christine Arnothy: Tengo quince años y no quiero morir





En julio de este año podíamos leer en el diario El País una entrevista con la escritora húngara Christine Arnothy, titulada "Una infancia entre cadáveres". En ella relataba un episodio que no se nos va de la cabeza:

"Salimos a buscar agua y descubrimos que los alemanes habían atado tres caballos a la escalera de nuestra casa. Muertos de sed y de hambre, se estaban comiendo los peldaños. Trajimos tres cubos de agua, y verlos beber fue uno de los mejores instantes de mi vida. Todavía lo sigue siendo".

En el blog de David González, Perdóname pero te amo, podía leerse hoy este pasaje del libro de Arnothy:

Mientras cruzaba el patio en dirección al sótano, un sentimiento más fuerte que yo me indujo a ir a ver los caballos. Mis baldes tenían agua sólo hasta la mitad. Nunca olvidaré ese momento, aunque viva una vejez eterna. Me acerqué primero al caballo que estaba sentado y le mostré el agua. El gemido gozoso que dejó escapar me recordó los gritos que habíamos lanzado al llegar a los grifos de los baños. El caballo temblaba y bebía el agua a grandes sorbos interminables. Los otros caballos se acercaron lentamente con paso seguro. Debía distribuirlo con precaución, para que cada uno tuviera su parte. En las miradas de esas bestias se reflejaba un sentimiento casi humano de agradecimiento. Los caballos me rodeaban, a pesar de estar tan débiles; brotaba sangre de sus encías y les salían lágrimas purulentas de los ojos.
Al bajar al sótano con mis baldes vacíos, sentí mi corazón ligero y desbordante de alegría, como si, en tiempos de paz, de la paz más serena, acabaran de hacerme un magnífico regalo.

Christine Arnothy. TENGO QUINCE AÑOS Y NO QUIERO MORIR. Traducción de Paula Emilia Sanz. Barril Barral Editores, Barcelona, mayo 2009.

La efermedad del dolor, Alejandra González


Foto de Margarida



Estómago I

A mi estómago lo cubren
todos los tipos de dolor

(el dolor es un tipo de piso)

Yo
los conozco
y sé
cuando alguien camina
sin zapatos
adentro de mi estómago




Estómago II

Yo soy

un estómago despellejado
dividido
y olvidado

Apenas sostenido por una piel antigua
que nunca termina de morir






Abierta


Abierta en una columna
llena de mil huesos enfermos
que la torturan

Abierta hasta el cansacio
como una puerta vieja
que se queja y que no duele

Abierta hasta vaciarse
entera de dolor

Secar cada órgano
desinfectar los labios
extraer todo lo que sangre

dejarme limpia

Abierta es mostrada
en los museos del mundo
y la gente se ríe



Alejandra González
La enfermedad del dolor



Libre, un poema de PURA SALCEDA

En tus manos soy la otra,
ésa que sólo tú ves
que me sabe puta presa de ti,
gata en celo eternamente en tus instantes
corazón domado
mujer libre
de pasión fácil si me miras
si me tocas
si me tienes
suspendida de una caricia tuya
en el aliento de los besos
jinete sin rumbo
sólo al galope de tus deseos.

de VERSOS DE PERRA NEGRA (Sial, 2005)
imagen de "Twin Peacks" de David Lynch

LAS FORMAS, de Sharon Olds


LAS FORMAS

Siempre tuve la sensación de que mi madre
moriría por nosotros, 
se lanzaría a un fuego
para sacarnos, el pelo incandescente como
un halo, se zambulliría en el agua, su cuerpo
blanco sucumbiendo y girando lentamente,
ese astronauta cuyo cable se corta
para
perderse
en la nada. Nos habría
protegido con su cuerpo, habría interpuesto
sus senos entre nuestro pecho y el cuchillo,
nos habría metido en el bolsillo del abrigo
lejos de las tormentas. En la tragedia, el animal
hembra habría muerto por nosotros,

pero en la vida tal y como era
tuvo que mirar
por ella.
Tuvo que hacer a los niños
lo que él dijera, tenía que
protegerse. En la guerra, habría
dado la vida por nosotros, te aseguro que sí,
y lo sé: soy una estudiosa de la guerra,
de hornos de gas, de asfixia, de cuchillos,
de ahogamientos, quemaduras, de todas las formas
en las que sufrí su amor.

Sharon Olds. LOS MUERTOS Y LOS VIVOS. Edición bilingüe. Traducción de J. J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas. Bartleby Editores, Madrid, 2006.

engendraremos niños, de GIOCONDA BELLI

la gran actuación, de MARÍA COUCEIRO