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Un editor de sensibilidad pandórica


La sensualidad tiene nombre de mujer emancipada

Hace ya un tiempo, leyendo una revista literaria, cayó ante mis ojos una fotografía de Simone de Beauvoir desnuda. No se le ve el rostro, está de espaldas recogiéndose el pelo mientras se mira al espejo. Para mí fue un impacto visual y erótico tremendo. No se trataba de quien fuera el personaje, podría haber sido cualquiera, era la escena, ese cuerpo de mujer, a su aire, transmitiendo una naturalidad pasmosa y sobre todo una libertad manifiesta. Ahora que he vuelto a dar con ella, con la fotografía, sigo sintiendo la misma atracción casi religiosa por esa instantánea. Me convierto en un voyeur de pasmoso sosiego, en un erotómano de acuarela. Contemplo su belleza física, y ahora sé, por mis posteriores lecturas, que fue una mujer que intentó vivir la vida que imaginaba y que luchó por ella. Asombrosa fotografía, hermosura de alma y cuerpo en una misma instantánea.

Del blog de Tito Expósito, El editor incandescente

Christine Arnothy: Tengo quince años y no quiero morir





En julio de este año podíamos leer en el diario El País una entrevista con la escritora húngara Christine Arnothy, titulada "Una infancia entre cadáveres". En ella relataba un episodio que no se nos va de la cabeza:

"Salimos a buscar agua y descubrimos que los alemanes habían atado tres caballos a la escalera de nuestra casa. Muertos de sed y de hambre, se estaban comiendo los peldaños. Trajimos tres cubos de agua, y verlos beber fue uno de los mejores instantes de mi vida. Todavía lo sigue siendo".

En el blog de David González, Perdóname pero te amo, podía leerse hoy este pasaje del libro de Arnothy:

Mientras cruzaba el patio en dirección al sótano, un sentimiento más fuerte que yo me indujo a ir a ver los caballos. Mis baldes tenían agua sólo hasta la mitad. Nunca olvidaré ese momento, aunque viva una vejez eterna. Me acerqué primero al caballo que estaba sentado y le mostré el agua. El gemido gozoso que dejó escapar me recordó los gritos que habíamos lanzado al llegar a los grifos de los baños. El caballo temblaba y bebía el agua a grandes sorbos interminables. Los otros caballos se acercaron lentamente con paso seguro. Debía distribuirlo con precaución, para que cada uno tuviera su parte. En las miradas de esas bestias se reflejaba un sentimiento casi humano de agradecimiento. Los caballos me rodeaban, a pesar de estar tan débiles; brotaba sangre de sus encías y les salían lágrimas purulentas de los ojos.
Al bajar al sótano con mis baldes vacíos, sentí mi corazón ligero y desbordante de alegría, como si, en tiempos de paz, de la paz más serena, acabaran de hacerme un magnífico regalo.

Christine Arnothy. TENGO QUINCE AÑOS Y NO QUIERO MORIR. Traducción de Paula Emilia Sanz. Barril Barral Editores, Barcelona, mayo 2009.

Mademoiselle joue avec Pandoras


Gracias a la poeta Sonia Fides, que en su blog Mademoiselle joue avec son revolver, recoge poemas de algunas de las Pandoras. De momento, Roxana Popelka, Inma Luna y Ana Pérez Cañamares han tenido lugar allí.

Gracias por tu apoyo, Sonia. Cuando quieras, ésta es tu casa!

"Ellas dicen", en MLRS


En el blog de MLRS - Manual de Lecturas Rápidas para la Supervivencia están dedicando un especial a mujeres poetas, bajo el epígrafe Ellas dicen.