Libre, un poema de PURA SALCEDA

2 poemas de ALMA ROSA GARCÍA
y de repente
lo mato
despierto
otra vez la misma vieja
escena
desde ahí se observaba de maravilla a la chica del frente
que tiene como la mayoría un dulce sueño a crédito
y vive en una azotea cubierta de tumbas donde los gatos buscan
nadie sabe qué
Por las noches contempla sus territorios
desde lo alto de su torre como si fuera una princesa medieval
obscuro deprimente panorama allá abajo donde los burgueses sodomitas
se redimen en una orgía desesperada
La chica del frente también era un fantasma de esa bruma
un artículo para caballeros un producto más de la mgm una broma
vulgar del celuloide
Pero qué absurdo pensar en cosas serias
cuando la tercera butaca está llena de gatos
y va a empezar la función
DOMESTICADA, un poema de Ana Rosa Bustamante
la planicie del día
se entierra en la fosa,
la enorme boca negra
con su lágrima ácida
va quemando las hojas
en blanco.
Tómame con las ansias del café
en las mañanas frías del invierno,
entra en mi casa quemada,
pero con cautela,
dame el chorro de agua tibia,
sin sobresalto,
pues una liebre es animal pequeño
y te conozco ancla envuelto de océano.
Enciéndeme la luz en la negra boca de loba,
que mis patas se multipliquen en tu jaula
domesticada,
no lograrás romper los barrotes
que compiten con tu aldaba celeste.
Abre la cuenca para tu geyser
en una sábana.
LAS FORMAS, de Sharon Olds
Siempre tuve la sensación de que mi madre
moriría por nosotros, se lanzaría a un fuego
para sacarnos, el pelo incandescente como
un halo, se zambulliría en el agua, su cuerpo
blanco sucumbiendo y girando lentamente,
ese astronauta cuyo cable se corta
para
perderse
en la nada. Nos habría
protegido con su cuerpo, habría interpuesto
sus senos entre nuestro pecho y el cuchillo,
nos habría metido en el bolsillo del abrigo
lejos de las tormentas. En la tragedia, el animal
hembra habría muerto por nosotros,
pero en la vida tal y como era
tuvo que mirar
por ella.
Tuvo que hacer a los niños
lo que él dijera, tenía que
protegerse. En la guerra, habría
dado la vida por nosotros, te aseguro que sí,
y lo sé: soy una estudiosa de la guerra,
de hornos de gas, de asfixia, de cuchillos,
de ahogamientos, quemaduras, de todas las formas
en las que sufrí su amor.
engendraremos niños, de GIOCONDA BELLI
la gran actuación, de MARÍA COUCEIRO
Delicia, de Yolanda Castaño

la Mascarada, un poema de Laura Rosal
De veras, tuve que congelar los segundos
que goteaban distraídos, sin percatarse
del terror que me esposaba.
Tuve que mirarte de reojo
soportando en mi pecho
los puñetazos del oxígeno
pujando
contra mis huesos estrechos.
Tuve que borrarme el rojo
de los labios. El rojo
de las uñas. El rojo
de mi dulce estrategia
derrotada.
(Sólo me predices noche)
Las espirales deshechas
con el meñique mudo.
Tuve que gritar,
tuve que callarme las encías,
flanquear la estatua salada
de las vértebras.
(Me susurras noche, me susurras noche)
Los niños, etcétera, se marchan.
Volveremos siempre.
EL TOMATE DEL AMOR, de Violeta Castaño

Sylvia's Death, un poema de ANNE SEXTON
'Autorretrato' de Sylvia Plath en 1951- UNIVERSIDAD DE INDIANA-HEREDEROS DE SYLVIA PLATH
O Sylvia, Sylvia,
with a dead box of stones and spoons,
with two children, two meteors
wandering loose in a tiny playroom,
with your mouth into the sheet,
into the roofbeam, into the dumb prayer,
(Sylvia, Sylvia
where did you go
after you wrote me
from Devonshire
about rasing potatoes
and keeping bees?)
what did you stand by,
just how did you lie down into?
Thief --
how did you crawl into,
crawl down alone
into the death I wanted so badly and for so long,
the death we said we both outgrew,
the one we wore on our skinny breasts,
the one we talked of so often each time
we downed three extra dry martinis in Boston,
the death that talked of analysts and cures,
the death that talked like brides with plots,
the death we drank to,
the motives and the quiet deed?
(In Boston
the dying
ride in cabs,
yes death again,
that ride home
with our boy.)
O Sylvia, I remember the sleepy drummer
who beat on our eyes with an old story,
how we wanted to let him come
like a sadist or a New York fairy
to do his job,
a necessity, a window in a wall or a crib,
and since that time he waited
under our heart, our cupboard,
and I see now that we store him up
year after year, old suicides
and I know at the news of your death
a terrible taste for it, like salt,
(And me,
me too.
And now, Sylvia,
you again
with death again,
that ride home
with our boy.)
And I say only
with my arms stretched out into that stone place,
what is your death
but an old belonging,
a mole that fell out
of one of your poems?
(O friend,
while the moon's bad,
and the king's gone,
and the queen's at her wit's end
the bar fly ought to sing!)
O tiny mother,
you too!
O funny duchess!
O blonde thing!
A Sylvia Plath
"Oh Sylvia, Sylvia, / con una caja muerta de cucharas y piedras, / con dos hijos, dos estrellas fugaces / errantes en el pequeño cuarto de juegos / con tu boca en la sábana, / en la viga del techo, en la necia oración, / ... / ¡Ladrona! / ¿Cómo te arrastraste dentro, / bajaste arrastrándote sola / al interior de la muerte que yo deseé tanto y durante tanto tiempo, / la muerte que las dos dijimos que estaba superada / la que llevábamos en nuestros pechos flacos, / de la que hablábamos tanto cada vez / que nos metíamos tres martinis de más en Boston, / la muerte que hablaba de psicoanálisis y remedios, / la muerte que hablaba como novias conspiradoras, / la muerte por la que bebíamos, / ¿las razones y luego el acto tranquilo? (...)" Fragmento inicial de La muerte de Sylvia, de Anne Sexton. Traducción de Julio Mas Alcaraz
Árbol negro, un poema de Loredhi

una estela de hielo se esconde entre los labios". María Peiró
Me perdonas
que cuando todo me hierve
una estela de hielo se me esconda entre los labios,
que amordace las palabras con escarcha me perdonas
que esté seca de gemidos,
que no aúlle ni siquiera por las noches cuando aúllan las estrellas,
que entre terca en esos sueños que golpean a mi almohada
y adormezca las ideas en pantanos desbordando los colchones.
Me perdonas, que no me vuelva mientras camino tan derecha que doy miedo,
tan derecha que ese temblor de hoja que es muy mío no se note.
Me perdonas que no me abastezca de caricias,
que salude a aquella anciana, servicial, que le ayude a cruzar
y que no vea que las migas van cayendo del bolsillo.
Me perdonas por lo altiva y militar
por lo insolente de mi lengua afilando pupilas a las seis de la mañana,
me perdonas,
que no parpadee,
que no respire,
que mientras la nostalgia rebate voluntades
crezca un árbol negro dentro de mí.
LOREDHI
(tomado del blog Viernes de poetas. Gracias!)
Cuando duermes - Lola López-Cózar
Mirar el mar desde tus ojos parece una frase hecha para ser bonita nada más, pero ahí están tus ojos y la luz, el silencio que rompes cuando puedes venir a preguntar dónde se acaba, cuando vuelves a ser tú necesitando límites precisos, puntos fijos, distancias exactas, tiempo que se tarda sin aproximaciones.
Te acercas desde la comodidad de una hamaca entre árboles a la silla que dividimos cabiendo a poco. Te voy contestando sobre Venus, las estrellas fugaces, la gravedad en forma de manzana y tu piel suave como ninguna otra se introduce en mi garganta que sigue hablando para que no te marches. Y me preguntas si hoy podemos quedarnos hablando hasta la una, la hora más singular y lejana que cabe en tu cabeza de niño. Ese “claro” que dices sé entonces que es mío, aunque a las doce agarre tu cuerpo flaco de princesa con los ojos cerrados y te meta en la cama y te pida un silencio que vas rompiendo sin saber lo que dices, soñando con estrellas y volcanes.
Tu memoria y la mía se van trenzando como la hierba que vas cogiendo río arriba, que enganchas al dedo de tu pie en el primer descanso y por arte de magia conviertes en cuerda mientras no puedo dejar de mirar lo grande que eres. Ya es mío el miedo de tus noches encerradas, los golpes porque existes, el pis en las sábanas durante muchos días. De mí sólo te doy el origen de esta cama antigua donde vienes a ser chico los domingos. Entonces me preguntas cómo naciste aquí y yo te cuento la más bella historia de amor que me ha ocurrido.
El mar, como un imán sobre mis ojos, ha dejado su orilla y su horizonte para vivir en ti. No te quito el frío haciéndote venir para secarte como todas las madres. Te veo tiritar y sé que son las olas, la espuma de tus olas sobre mi pecho firme como un faro.
LOLA LÓPEZ CÓZAR
http://islasila.jimdo.com/
EL HOMBRE LOBO, de Ana Vega
U MINÚSCULA, muda casa, ropa y re-(cuer2)

"La tonta" y "La amateur", de GEMMA la Santa

pero amiguitos y amiguitas,
sepan tod@s
que también tengo vida,
aunque sea una tómbola,
(y yo sea una bámbola)
tengo mi vida
y a veces salgo del cyber
y no me voy a casa,
o al bar de siempre
a escuchar la bobadas
de algún listillo.
Tiendo al descontrol,
en el sentido más controlado
de la palabra.
Soy obsesiva compulsiva
pero histérica a la vez,
una manía
controla otra,
y esto es un cansancio,
esto me tiene trastornada,
no lo sabéis bien.
Aún así
he bajado
4 kilos
a base de beberme
el agua del váter.
Si no tuviera 24
diría que estoy
completamente
abochornada.
Un cachas guapísimo,
ciclado hasta los dientes,
tatuado hasta la mirada,
me pidió ayer
el número
del móvil.
Yo le dije "mira,
magnífico corsario,
el único número
que te daré es éste,
el del Pc que te corresponde,
para que envíes tus e-mails
de cómo te lo pasas aquí
en vacaciones santillana".
El calor
me atonta,
me dije mientras se iba.
El calor me atonta.
Punto y pelota.
Y frustrada
no escribí
ayer.

pero no ingenua;
recelo de las profesionales;
sospecho de la seriedad;
me río de la academia
a través del mismo hecho
de estar aterrorizada
cuando se me olvida
un acento.
Si no fuera una santa
sería una cerda.
El cliché es una forma
de arder en público.
Soy amateur,
todas son amateur,
pero el espectáculo
continúa y el escenario
es del rapto.
Sufro un constante
síndrome de Estocolmo.
No vale ya decir
que una es de la masa
amorfa y desinformada,
que te meten
lo que quieren
por el agujero y amén.
Es completamente falso.
Ya no somos corderas.
Estamos hiper-sicoanalizadas.
Sabemos muy bien
quién es el culpable,
y nuestro pacto es del sado.
Yo sé que me machacas,
sé muy bien que me machacas,
y aún así te amo.
horas previas a la fiesta, de SUSANA BARRAGUÉS
Horas previas a la fiesta, y algo late en las calles como palmas de peces rebotando sobre el suelo.Es por culpa de ese sonido misterioso, como un hormiguero que trabaja en la oscuridad removiendo la tierra, la sensación de que alguien está cambiando piedrecitas de lugar, que sobreviene la revelación en la mujer, afilada como una fórmula: ¿no es cierto, acaso? ¿no es cierto acaso que ha comenzado ya la fiesta?
Son tan sólo las tres de la mañana, una mujer sin peinar se levanta muy azul en las vacilantes horas previas al inicio de una fiesta, con un haz de nervios abriéndose por las puntas como cables de colores de hilo telefónico. Desvelada por un ataque de miedo a lo inconcreto comienza a preparar una tortilla para el futuro amanecer. Bate huevos descalza, y el sonido del batir en el plato hace que se enciendan algunas luces sigilosas en el patio. “¡Mañana empieza la fiesta!”, siente, angustiada. “¡Y está todo por hacer!”
Horas previas a la fiesta, y algo late en las calles como palmas de peces rebotando sobre el suelo. Es por culpa de ese sonido misterioso, como un hormiguero que trabaja en la oscuridad removiendo la tierra, la sensación de que alguien está cambiando piedrecitas de lugar, que sobreviene la revelación en la mujer, afilada como una fórmula: ¿no es cierto, acaso? ¿no es cierto acaso que ha comenzado ya la fiesta? La gente tiene esa tozudez, la de hacer las cosas en la noche anterior o posterior al día fijado, y en ese tipo de instantes en que suceden cosas ella siempre está dormida o haciendo tortillas, aplicándose dosis generosas de corrector de ojeras y con tapones de cera en los oídos.
No hay nada más terrible que esperar el paso de las horas previas a una fiesta. La mujer enciende la luz de la habitación, desesperada por encontrar un culpable, un cómplice y una víctima de su desasosiego, segura de que ha descubierto la traición final por la que el cosmos impide que todo el mundo se ponga de acuerdo para empezar la fiesta a la hora fijada. “Tú” acusa al hombre que duerme. “Tú me has robado la infancia”.
El hombre mira el reloj, aspaventado, enciende un cigarro, espera a que se mueva la saliva, petrificada como un gel bajo la lengua. ¿Quieres que me vaya? “No” ¿Quieres que me quede? “No”. ¿Quieres que haga algo?”. “No”. El hombre entiende que el “no” es la señal del “Sï”, la señal para entregarse a lo definitivo. Se dirige a la cocina, observa la tortilla a medio hacer y la termina, dejando caer sobre ella ceniza de su cigarro.
El hombre ya está despierto y así ella, íntimamente, ha consumado su venganza preventiva. “Creo que todo el mundo está ya en la fiesta”, dice con voz de sospecha. “Son las tres de la mañana.” “Sí, pero hay ruidos, señales”. “¿Señales?” “He oído una risa” “La gente está durmiendo. La fiesta empieza a las doce de la mañana”. “No” “Sí” “No. Tenemos que ser los primeros. La fiesta empezará cuando yo quiera. Antes de que las cosas empiecen a cambiar de nombre”. “Bien”, responde él. “Entonces que empiece la fiesta”. Abre el grifo. Llena tarros de cristal con macarrones. Dobla los trapos de cocina haciendo coincidir las esquinas con exquisita perfección. Ella le mira y piensa “cómo llegué hasta aquí y por qué”. “Hay que terminar con ellos” y “Pronto me desnudaré de nuevo”.
Él recuerda que al día siguiente tendrá que mover centímetro a centímetro el coche para seguir a la sombra, según esta se vaya desplazando. Ante todo, evitar que el sol caliente el coche y lo haga irrespirable. “Vamos a dormir, Almudena”. “No quiero dormir, quiero vivir” “Quedan siete horas todavía” “¡Tú no me amas conmigo, tu me amas contra mí!” le acusa, y calla.
Así es como la mujer azul se mueve sonámbula y sola en las horas previas a la fiesta, quedándose dormida justo en el momento en que la hermosa fiesta estalla, en un día de lluvia bajo el sol.
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