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violeta castaño & patty de frutos

Libre, un poema de PURA SALCEDA

En tus manos soy la otra,
ésa que sólo tú ves
que me sabe puta presa de ti,
gata en celo eternamente en tus instantes
corazón domado
mujer libre
de pasión fácil si me miras
si me tocas
si me tienes
suspendida de una caricia tuya
en el aliento de los besos
jinete sin rumbo
sólo al galope de tus deseos.

de VERSOS DE PERRA NEGRA (Sial, 2005)
imagen de "Twin Peacks" de David Lynch

2 poemas de ALMA ROSA GARCÍA

Script 

él me ama yo lo odio
y de repente
lo mato

despierto
otra vez la misma vieja
escena

La chica del frente
para Ivonne
Jamás existió la tercera butaca
desde ahí se observaba de maravilla a la chica del frente
que tiene como la mayoría un dulce sueño a crédito
y vive en una azotea cubierta de tumbas donde los gatos buscan
nadie sabe qué
Por las noches contempla sus territorios
desde lo alto de su torre como si fuera una princesa medieval
obscuro deprimente panorama allá abajo donde los burgueses sodomitas
se redimen en una orgía desesperada
La chica del frente también era un fantasma de esa bruma
un artículo para caballeros un producto más de la mgm una broma
vulgar del celuloide

Pero qué absurdo pensar en cosas serias
cuando la tercera butaca está llena de gatos
y va a empezar la función

DOMESTICADA, un poema de Ana Rosa Bustamante

Baja a la hora de la melancolía
la planicie del día
se entierra en la fosa,
la enorme boca negra
con su lágrima ácida
va quemando las hojas
en blanco.
Tómame con las ansias del café
en las mañanas frías del invierno,
entra en mi casa quemada,
pero con cautela,
dame el chorro de agua tibia,
sin sobresalto,
pues una liebre es animal pequeño
y te conozco ancla envuelto de océano.
Enciéndeme la luz en la negra boca de loba,
que mis patas se multipliquen en tu jaula
domesticada,
no lograrás romper los barrotes
que compiten con tu aldaba celeste.
Abre la cuenca para tu geyser
en una sábana.

de su blog: ceniza y plumas

LAS FORMAS, de Sharon Olds


LAS FORMAS

Siempre tuve la sensación de que mi madre
moriría por nosotros, 
se lanzaría a un fuego
para sacarnos, el pelo incandescente como
un halo, se zambulliría en el agua, su cuerpo
blanco sucumbiendo y girando lentamente,
ese astronauta cuyo cable se corta
para
perderse
en la nada. Nos habría
protegido con su cuerpo, habría interpuesto
sus senos entre nuestro pecho y el cuchillo,
nos habría metido en el bolsillo del abrigo
lejos de las tormentas. En la tragedia, el animal
hembra habría muerto por nosotros,

pero en la vida tal y como era
tuvo que mirar
por ella.
Tuvo que hacer a los niños
lo que él dijera, tenía que
protegerse. En la guerra, habría
dado la vida por nosotros, te aseguro que sí,
y lo sé: soy una estudiosa de la guerra,
de hornos de gas, de asfixia, de cuchillos,
de ahogamientos, quemaduras, de todas las formas
en las que sufrí su amor.

Sharon Olds. LOS MUERTOS Y LOS VIVOS. Edición bilingüe. Traducción de J. J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas. Bartleby Editores, Madrid, 2006.

artenauta, de Katho Gómez

engendraremos niños, de GIOCONDA BELLI

la gran actuación, de MARÍA COUCEIRO

Delicia, de Yolanda Castaño

Primeiro faise auténtica, elástica
no apresuramento por devorar que corre, quero
todo para min e os seus movementos impenetrables son
unha sensación contradictoria.
Que o meu corporea para cousas boas,
Desvirtuar cosméticas, para pinchar globos e pompas
    de xabrón irisado
todo un desamarrarse porque quero referver.

Logo derruban e descarnan e póñense a desenvolver
Intersticios e comisuras, un edén algo directo
que fantasea a dureza dos latexos,
un xardín algo suxo
onde se verquen os contidos e non se pode calar.

Delicia, de yolanda Castaño

no pude contenerme..., fotopoema de Adriana Bañares


from: la niña de las naranjas

la Mascarada, un poema de Laura Rosal

Tuve que convertirme en estatua de sal.
De veras, tuve que congelar los segundos
que goteaban distraídos, sin percatarse
del terror que me esposaba.
Tuve que mirarte de reojo
soportando en mi pecho
los puñetazos del oxígeno
pujando
contra mis huesos estrechos.

Tuve que borrarme el rojo
de los labios. El rojo
de las uñas. El rojo
de mi dulce estrategia
derrotada.

(Sólo me predices noche)

Las espirales deshechas
con el meñique mudo.
Tuve que gritar,
tuve que callarme las encías,
flanquear la estatua salada
de las vértebras.

(Me susurras noche, me susurras noche)

Los niños, etcétera, se marchan.
Volveremos siempre.


de su blog: moonshiner

EL TOMATE DEL AMOR, de Violeta Castaño

A Lucas le dieron una pensión por vago. Sí, sí. Como lo oís. Me lo ha contado mi amiga cuando ha venido a comer. Pensión por ser vago. Del Ayuntamiento o de la Comunidad o de algún organismo oficial que no me ha sabido especificar. Unos euros al mes por dedicarse a... nada, básicamente. La novia o compañera o pareja, en definitiva, del tal Lucas, que es programadora informática y que tiene una infravivienda en Lavapiés que, por cierto, alquila, debe estar super contenta. Ella curra, pone la pasta y el Lucas se toca el mondongo y recibe una pensión. Además por vago. Ni siquiera ha hecho el esfuerzo de autolesionarse para generarse algún impedimento físico que le haga imposible el trabajar. Si soy vago, fardo de ello. Total, que la infravivienda de Lavapiés que la novia alquilaba la han derribado, han derribado el edificio, porque se caía a pedazos literalmente, vamos. Que ha suspirado de alivio cuando vio la excavadora. Por favor, que me maten de una vez. Y ahora la novia tiene que poner dinero para que le den una vivienda nueva de las que van a construir en el espacio vacío que ha quedado después de tirar el viejo edificio. Vaya tela. Y el Lucas de profesión vago. 

Me lo ha contado mi amiga cuando ha venido a comer berengenas rellenas que tengo en la nevera desde el jueves noche, y que me han quedado que ni pintadas. Se hacía el segundo canuto y me contaba: es que menudo personaje es el Lucas, maja. Mira, ¿te gusta mi vestido?, me lo hizo mi madre de un pareo que me trajo una amiga de Tailandia. Te queda como un guante, te favorece un montón.

Cuando íbamos por la ensalada de tomate y cebolla (tomates que ha traído ella del huerto de su padre), me ha contado que el novio de su hermano tiene un padre de 72 años -SETENTA, recalca ella- que tiene una novia rusa de 22 años que ha tenido un niño de su novio formal. Y el padre además tiene una novia italiana de su quinta. Joder la peña. Y que todos ahí saben de los folleteos de los otros y los consienten. Joder la peña. No sé. A lo mejor podrían pensar en irse a vivir todos juntos. Seguro que les daban una pensión por frikis. (...)

Punto G con texto de miss castaño y artcraft de gsús bonilla

Sylvia's Death, un poema de ANNE SEXTON

'Autorretrato' de Sylvia Plath en 1951

'Autorretrato' de Sylvia Plath en 1951- UNIVERSIDAD DE INDIANA-HEREDEROS DE SYLVIA PLATH

O Sylvia, Sylvia, 

with a dead box of stones and spoons, 

with two children, two meteors 
wandering loose in a tiny playroom, 

with your mouth into the sheet, 
into the roofbeam, into the dumb prayer, 

(Sylvia, Sylvia 
where did you go 
after you wrote me 
from Devonshire 
about rasing potatoes 
and keeping bees?) 

what did you stand by, 
just how did you lie down into? 

Thief -- 
how did you crawl into, 

crawl down alone 
into the death I wanted so badly and for so long, 

the death we said we both outgrew, 
the one we wore on our skinny breasts, 

the one we talked of so often each time 
we downed three extra dry martinis in Boston, 

the death that talked of analysts and cures, 
the death that talked like brides with plots, 

the death we drank to, 
the motives and the quiet deed? 

(In Boston 
the dying 
ride in cabs, 
yes death again, 
that ride home 
with our boy.) 

O Sylvia, I remember the sleepy drummer 
who beat on our eyes with an old story, 

how we wanted to let him come 
like a sadist or a New York fairy 

to do his job, 
a necessity, a window in a wall or a crib, 

and since that time he waited 
under our heart, our cupboard, 

and I see now that we store him up 
year after year, old suicides 

and I know at the news of your death 
a terrible taste for it, like salt, 

(And me, 
me too. 
And now, Sylvia, 
you again 
with death again, 
that ride home 
with our boy.) 

And I say only 
with my arms stretched out into that stone place, 

what is your death 
but an old belonging, 

a mole that fell out 
of one of your poems? 

(O friend, 
while the moon's bad, 
and the king's gone, 
and the queen's at her wit's end 
the bar fly ought to sing!) 

O tiny mother, 
you too! 
O funny duchess! 
O blonde thing!


A Sylvia Plath

"Oh Sylvia, Sylvia, / con una caja muerta de cucharas y piedras, / con dos hijos, dos estrellas fugaces / errantes en el pequeño cuarto de juegos / con tu boca en la sábana, / en la viga del techo, en la necia oración, / ... / ¡Ladrona! / ¿Cómo te arrastraste dentro, / bajaste arrastrándote sola / al interior de la muerte que yo deseé tanto y durante tanto tiempo, / la muerte que las dos dijimos que estaba superada / la que llevábamos en nuestros pechos flacos, / de la que hablábamos tanto cada vez / que nos metíamos tres martinis de más en Boston, / la muerte que hablaba de psicoanálisis y remedios, / la muerte que hablaba como novias conspiradoras, / la muerte por la que bebíamos, / ¿las razones y luego el acto tranquilo? (...)" Fragmento inicial de La muerte de Sylvia, de Anne Sexton. Traducción de Julio Mas Alcaraz

Anne Sexton, en 1967, con un ejemplar de su libro 'Vive o muere'
Anne Sexton, en 1967, con un ejemplar de su libro 'Vive o muere'- AP

traducción y fotos extraídas de EL PAÍS

bárbara butragueño "chincheta"



Árbol negro, un poema de Loredhi


"... que cuando todo te hierve

una estela de hielo se esconde entre los labios". María Peiró





Me perdonas


que cuando todo me hierve

una estela de hielo se me esconda entre los labios,

que amordace las palabras con escarcha me perdonas

que esté seca de gemidos,

que no aúlle ni siquiera por las noches cuando aúllan las estrellas,

que entre terca en esos sueños que golpean a mi almohada

y adormezca las ideas en pantanos desbordando los colchones.

Me perdonas, que no me vuelva mientras camino tan derecha que doy miedo,

tan derecha que ese temblor de hoja que es muy mío no se note.

Me perdonas que no me abastezca de caricias,

que salude a aquella anciana, servicial, que le ayude a cruzar

y que no vea que las migas van cayendo del bolsillo.

Me perdonas por lo altiva y militar

por lo insolente de mi lengua afilando pupilas a las seis de la mañana,

me perdonas,

que no parpadee,

que no respire,

que mientras la nostalgia rebate voluntades


crezca un árbol negro dentro de mí.



LOREDHI

(tomado del blog Viernes de poetas. Gracias!)

Cuando duermes - Lola López-Cózar



Mirar el mar desde tus ojos parece una frase hecha para ser bonita nada más, pero ahí están tus ojos y la luz, el silencio que rompes cuando puedes venir a preguntar dónde se acaba, cuando vuelves a ser tú necesitando límites precisos, puntos fijos, distancias exactas, tiempo que se tarda sin aproximaciones.

Te acercas desde la comodidad de una hamaca entre árboles a la silla que dividimos cabiendo a poco. Te voy contestando sobre Venus, las estrellas fugaces, la gravedad en forma de manzana y tu piel suave como ninguna otra se introduce en mi garganta que sigue hablando para que no te marches. Y me preguntas si hoy podemos quedarnos hablando hasta la una, la hora más singular y lejana que cabe en tu cabeza de niño. Ese “claro” que dices sé entonces que es mío, aunque a las doce agarre tu cuerpo flaco de princesa con los ojos cerrados y te meta en la cama y te pida un silencio que vas rompiendo sin saber lo que dices, soñando con estrellas y volcanes.

Tu memoria y la mía se van trenzando como la hierba que vas cogiendo río arriba, que enganchas al dedo de tu pie en el primer descanso y por arte de magia conviertes en cuerda mientras no puedo dejar de mirar lo grande que eres. Ya es mío el miedo de tus noches encerradas, los golpes porque existes, el pis en las sábanas durante muchos días. De mí sólo te doy el origen de esta cama antigua donde vienes a ser chico los domingos. Entonces me preguntas cómo naciste aquí y yo te cuento la más bella historia de amor que me ha ocurrido.

El mar, como un imán sobre mis ojos, ha dejado su orilla y su horizonte para vivir en ti. No te quito el frío haciéndote venir para secarte como todas las madres. Te veo tiritar y sé que son las olas, la espuma de tus olas sobre mi pecho firme como un faro.

LOLA LÓPEZ CÓZAR

http://islasila.jimdo.com/

EL HOMBRE LOBO, de Ana Vega


Cecilia estaba cansada. Cuando llegó a casa arrojó el bolso al suelo y la chaqueta, se quitó el uniforme con toda la brusquedad y rabia que provocan ocho horas en una oficina. Se tumbó en la alfombra y se quedó quieta, mirando al techo. No podía pensar, ni moverse, sólo respirar hondo. Escuchó el ring con el que el teléfono parece amenazar siempre todo momento de calma. Ni se inmutó. Siguió tumbada. El teléfono volvió a sonar. Se arrastró hasta él y acercó el auricular a la oreja como quien sujeta un ladrillo con ambas manos. María había quedado en el bar a las once con las demás. Algo rápido, dijo. Cecilia dijo que sí, que allí estaría. Volvió a tumbarse en el suelo y se arrancó las medias, como si éstas estuvieran a punto de cortarle la circulación sanguínea. Volvió a respirar hondo. Se sentó y se fumó un cigarrillo. Luego preparó algo de cena y se metió en la ducha. Cuando cerró el grifo permaneció allí de pie casi diez minutos. Su cabeza le repetía: ¿Existe algún hombre bueno? De repente, su mente elaboró una especie de rueda de reconocimiento policial, tras la mampara de la ducha del baño, de todos los impresentables que habían pasado por su vida. El mentiroso compulsivo, el infiel, el que va de víctima, el egoísta, el inseguro, el débil al que gusta herir y el egocentrismo puro que se escondía tras todas las cremalleras que había desabrochado. Sintió que no podía respirar. Salió de la ducha, cogió la toalla y se fue a la cocina. Se tomó un whisky y se dio unos golpecitos en la cabeza con el vaso. Sentía los latidos del corazón en la sien izquierda.
A las once llegó al bar. Sus amigas le hicieron un gesto desde el fondo. Se abrió paso entre la multitud y se acercó hasta ellas. Les dijo que iría a la barra a pedir algo fuerte, que seguía perdida, con la misma pesadilla que no le dejaba dormir noche tras noche: un hombre lobo la perseguía por la ciudad, pero su voz era conocida, aunque ella no parecía recordar a quién podría pertenecer.
Cuando se acercaba a la barra, un hombre la agarró por la cintura y le dio la vuelta con fuerza. Cecilia de repente sintió miedo, le miró a los ojos pero no pudo reconocerle. Su voz le resultaba familiar. El hombre le susurró al oído: ¡Buenas noches, Cecilia! Ella, con total solemnidad, como si en su respuesta hallase la ecuación científica cuyo valor cambiaría el mundo, aquello que parecía perseguirla, le preguntó: ¿Tú eres un hombre bueno? El hombre sonrió al principio, luego comenzó a reírse con más y más ganas, hasta que la carcajada se convirtió en una especie de convulsiones que se transformaban en extrañas mutaciones en rostro y cuerpo. Su cara se alargó, le crecieron los colmillos, surgió el hocico de la nada, las orejas puntiagudas, las uñas largas y, en resumen, las fauces del lobo. Cuando la transformación concluyó, éste agarró a Cecilia del brazo y atrayéndola hacia él, mientras con las uñas de la pata derecha le rozaba el vientre -casi el pecho-dijo, con mirada torva y cierto desdén: “Sí, Cecilia, soy un hombre bueno, muy, muy bueno”. Entonces estiró la lengua hasta su mejilla. Cecilia de forma instintiva apretó las piernas. La mujer de al lado hizo lo mismo. Y la de enfrente. Y todas las mujeres del bar.
Dicen que a ciertas horas de la noche ningún hombre bueno puede esconder su verdadero rostro…

imagen from: sombra dark

U MINÚSCULA, muda casa, ropa y re-(cuer2)

he salido a por víveres y no había nadie en el infierno.
***
ENTRE-TENER
doce cajas llenas de libros, pero sólo son importantes seis. cuatro maletas de fin de semana llenas de ropa. podría vivir con dos, al menos hasta la próxima estación. mientras mi primera, mi segunda y algo de mi tercera adolescencia se marchan en bolsas de basura de color azul.
***
y me maravillo cada vez que miro en lo poco que entran todas mis posesiones.
***
MUDANZA
qué arrastro de mí, y qué rastro hay de mí; dejo y llevo, pero participo poco del juego entre el afuera y el adentro.
***
YA HAY LAR
en el patio de mi nueva casa hay un andamio. esto me parece correcto. también me pareció correcto que se fuera la luz cuando llegué. me quedé dormida cuando anochecía, me dormí anochecida, me adormenté, y espero que esta palabra exista, pensando que esos andamios eran parte del teatro. y luego, para mayor fortuna, me percaté de que sobre mi nuevo pupitre (ahora necesito un plumier, advierto) había una vela. una vela ya hecha, usada, una vela a medias y que dejó de ser blanca, una vela estriada que me acompañó hasta que el electricista de urgencia, que dijo que tardaría porque se iba a un incendio, desenchufó el microondas y anunció que todo era responsabilidad del aparato. ahora, no miento, suena un arpa desde algún lugar del patio, desde alguna de sus ventanas. hace mucho que no sentía esto, esta sensación de regalo, de que la vida jugaba conmigo, me lanzaba de un lado a otro y siempre me recibía algo bueno. sé que a veces he tenido eso. a veces me he dado cuenta pasado el tiempo pero esto no importa, creo.

"La tonta" y "La amateur", de GEMMA la Santa

LA TONTA

Perdonar la tardanza,
pero amiguitos y amiguitas,
sepan tod@s
que también tengo vida,
aunque sea una tómbola,
(y yo sea una bámbola)
tengo mi vida
y a veces salgo del cyber
y no me voy a casa,
o al bar de siempre
a escuchar la bobadas
de algún listillo.
Tiendo al descontrol,
en el sentido más controlado
de la palabra.
Soy obsesiva compulsiva
pero histérica a la vez,
una manía
controla otra,
y esto es un cansancio,
esto me tiene trastornada,
no lo sabéis bien.
Aún así
he bajado
4 kilos
a base de beberme
el agua del váter.
Si no tuviera 24
diría que estoy
completamente
abochornada.
Un cachas guapísimo,
ciclado hasta los dientes,
tatuado hasta la mirada,
me pidió ayer
el número
del móvil.
Yo le dije "mira,
magnífico corsario,
el único número
que te daré es éste,
el del Pc que te corresponde,
para que envíes tus e-mails
de cómo te lo pasas aquí
en vacaciones santillana".
El calor
me atonta,
me dije mientras se iba.
El calor me atonta.
Punto y pelota.
Y frustrada
no escribí
ayer.


LA AMATEUR
Yo soy amateur,
pero no ingenua;
recelo de las profesionales;
sospecho de la seriedad;
me río de la academia
a través del mismo hecho
de estar aterrorizada
cuando se me olvida
un acento.
Si no fuera una santa
sería una cerda.
El cliché es una forma
de arder en público.
Soy amateur,
todas son amateur,
pero el espectáculo
continúa y el escenario
es del rapto.
Sufro un constante
síndrome de Estocolmo.
No vale ya decir
que una es de la masa
amorfa y desinformada,
que te meten
lo que quieren
por el agujero y amén.
Es completamente falso.
Ya no somos corderas.
Estamos hiper-sicoanalizadas.
Sabemos muy bien
quién es el culpable,
y nuestro pacto es del sado.
Yo sé que me machacas,
sé muy bien que me machacas,
y aún así te amo.

horas previas a la fiesta, de SUSANA BARRAGUÉS

nuestro antólogo nos escribe y nos dice: "he encontrado una pandora leonesa"... y nos hace llegar la dirección del blog de SUSANA BARRAGUÉS... y la buscamos y lo comprobamos. susana es otra de las nuestras... y le damos la bienvenida a nuestro mundo esperando con ansiedad sus letras!
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Horas previas a la fiesta, y algo late en las calles como palmas de peces rebotando sobre el suelo.Es por culpa de ese sonido misterioso, como un hormiguero que trabaja en la oscuridad removiendo la tierra, la sensación de que alguien está cambiando piedrecitas de lugar, que sobreviene la revelación en la mujer, afilada como una fórmula: ¿no es cierto, acaso? ¿no es cierto acaso que ha comenzado ya la fiesta?

Son tan sólo las tres de la mañana, una mujer sin peinar se levanta muy azul en las vacilantes horas previas al inicio de una fiesta, con un haz de nervios abriéndose por las puntas como cables de colores de hilo telefónico.  Desvelada por un ataque de miedo a lo inconcreto comienza a preparar una tortilla para el futuro amanecer. Bate huevos descalza, y el sonido del batir en el plato hace que se enciendan algunas luces sigilosas en el patio. “¡Mañana empieza la fiesta!”, siente, angustiada. “¡Y está todo por hacer!”

Horas previas a la fiesta, y algo late en las calles como palmas de peces rebotando sobre el suelo. Es por culpa de ese sonido misterioso, como un hormiguero que trabaja en la oscuridad removiendo la tierra, la sensación de que alguien está cambiando piedrecitas de lugar, que sobreviene la revelación en la mujer, afilada como una fórmula: ¿no es cierto, acaso? ¿no es cierto acaso que ha comenzado ya la fiesta? La gente tiene esa tozudez, la de hacer las cosas en la noche anterior o posterior al día fijado, y en ese tipo de instantes en que suceden cosas ella siempre está dormida o haciendo tortillas, aplicándose dosis generosas de corrector de ojeras y con tapones de cera en los oídos.

No hay nada más terrible que esperar el paso de las horas previas a una fiesta. La mujer enciende la luz de la habitación, desesperada por encontrar un culpable, un cómplice y una víctima de su desasosiego, segura de que ha descubierto la traición final por la que el cosmos impide que todo el mundo se ponga de acuerdo para empezar la fiesta a la hora fijada. “Tú” acusa al hombre que duerme. “Tú me has robado la infancia”.

El hombre mira el reloj, aspaventado, enciende un cigarro, espera a que se mueva la saliva, petrificada como un gel bajo la lengua. ¿Quieres que me vaya? “No” ¿Quieres que me quede? “No”. ¿Quieres que haga algo?”. “No”. El hombre entiende que el “no” es la señal del “Sï”, la señal para entregarse a lo definitivo. Se dirige a la cocina, observa la tortilla a medio hacer y la termina, dejando caer sobre ella ceniza de su cigarro.

El hombre ya está despierto y así ella, íntimamente, ha consumado su venganza preventiva. “Creo que todo el mundo está ya en la fiesta”, dice con voz de sospecha. “Son las tres de la mañana.” “Sí, pero hay ruidos, señales”. “¿Señales?” “He oído una risa” “La gente está durmiendo. La fiesta empieza a las doce de la mañana”. “No” “Sí” “No. Tenemos que ser los primeros. La fiesta empezará cuando yo quiera. Antes de que las cosas empiecen a cambiar de nombre”. “Bien”, responde él. “Entonces que empiece la fiesta”. Abre el grifo. Llena tarros de cristal con macarrones. Dobla los trapos de cocina haciendo coincidir las esquinas con exquisita perfección. Ella le mira y piensa “cómo llegué hasta aquí y por qué”. “Hay que terminar con ellos” y “Pronto me desnudaré de nuevo”.

Él recuerda que al día siguiente tendrá que mover centímetro a centímetro el coche para seguir a la sombra, según esta se vaya desplazando. Ante todo, evitar que el sol caliente el coche y lo haga irrespirable. “Vamos a dormir, Almudena”. “No quiero dormir, quiero vivir” “Quedan siete horas todavía” “¡Tú no me amas conmigo, tu me amas contra mí!” le acusa, y calla.

Así es como la mujer azul se mueve sonámbula y sola en las horas previas a la fiesta, quedándose dormida justo en el momento en que la hermosa fiesta estalla, en un día de lluvia bajo el sol.