engendraremos niños, de GIOCONDA BELLI
la gran actuación, de MARÍA COUCEIRO
Delicia, de Yolanda Castaño

Vukušić en la REVISTA DAS LETRAS

Multifunción, de Eva Villavieja

Tenerife remember: Pandora Ana Pérez Cañamares/Pandora Inma Luna




Encontré estas fotos de la Feria del Libro de Tenerife, que no había sacado a relucir, así que... échale mojo!!!
EN EL LABERINTO 5, un poema de Carmen Beltrán
![[PIC_0500.JPG_yoyvina.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhV-8JPeRAfaggO0RfzUHKWhL9ekNHiktRz9GAT9sng3kr693KfeIVE72JLTN6nxqy_OcMcsVeIU0kxigo7PwqlCpNsSWHROGCHw6brci_S8nHvwmoUel-YX_KMyFw3SaNAahFLEltcfDI/s220/PIC_0500.JPG_yoyvina.jpg)
resacosa, tristona y odiando a los funcionarios de la consejería de transportes, sólo sonrío porque me viene a la cabeza montes diciendo eso de la vida puede ser maravillosa salinas, retransmitiendo, qué sé yo, un suiza-nueva zelanda
y tanto
me río porque mi tristeza es siempre suave, una especie de caricia, un freno, una advertencia (no te vayas demasiado lejos...)
me acomodo mejor a ella que a la alegría, que existe, sí, y ya lo decía andrés neuman: pero duele; tendrás que conseguirla. y cuando la consigas tendrás miedo
(no me abandonan mis miedos antiguos cuando llegan otros nuevos)
y no sé si es el miedo el que me empuja a esta tristeza
o si es justo al revés
la vida a veces parece/un plagio, escribió gioconda belli
"me aburro de vivir" le puse el otro día a mi amiga isabel en un correo
"valiente chorrada" añadí (y menos mal)
pero en verdad es como si todo se hubiera reducido a la mitad
y cuando quiero pensar en la palabra me quedo en su forma
y cuando quiero pensar en ti me quedo en mí
y cuando quiero divertirme me quedo en no sentirme mal
ser simple, egoísta y limitada no está bien para estar bien
bajamos la avenida. a cada árbol/sentimos frío, entre la sombra espesa./vamos de frío en frío, sin pensarlo (gabriel ferrater dixit)
no habrá nada después del último frío
jamás volveré a permirtirme pensar siquiera nada parecido a "me aburro de vivir"
porque hasta este aburrimiento vital es un nuevo paraje que explorar
voy de excursión a los confines del vacío, de la decepción, de la nada
otro verano de frío
para mí
me pregunto si esto es algo que decido yo
o una desgracia que me viene impuesta
en cualquier caso regresaré con una sonrisa
(más gastada pero siempre nueva)
para el dolor es siempre el día, dice carlos pardo
para el dolor siempre es el primer día
y para el aprendizaje también
TORMENTA DE ARENA, un poema de Safrika
había suspendido Paul Weller en el FIB, y nosotros cenábamos calamares
tras un cristal, mientras veíamos la arena deslizarse sobre sí.
Después hiciste un comentario sobre el Sahara y la inmensidad,
fumamos algo, abrimos la petaca, yo no bebí porque no
me gusta
el whisky solo.
Con la luz encendida ya en casa, unos chicos que se marchan
del casco viejo miran hacia arriba y acabo de ducharme. Entran aquí con
los ojos y no me importa, mi casa está abierta, mi casa es una gran roca abierta,
- todo va bien, recuperaste la bicicleta robada-
sueño con helicópteros y con escribir en varanasi, una película fina de sudor
en la frente y el escote, es tarde, el viento ha parado,
pienso en Paco y en los astros, en accidentes de avión.
- todo va bien, es viernes y estás más delgada-
no hay enfermedades, no hay pobreza, sólo está este hilo
que te une con el resto, un hilo fino pero resistente, un hilo que estira
de la piel quemada por el sol en vacaciones.
Delhi, Jaipur, Agra, Varanasi. Un hilo y con la gente, Paul Weller no toca
por el viento, ¿qué temes?
- todo va bien, pronto nos fundiremos, hará tanta calor-
-todo va bien, mi amor. No hay nada de lo que
arrepentirse-
la Mascarada, un poema de Laura Rosal
De veras, tuve que congelar los segundos
que goteaban distraídos, sin percatarse
del terror que me esposaba.
Tuve que mirarte de reojo
soportando en mi pecho
los puñetazos del oxígeno
pujando
contra mis huesos estrechos.
Tuve que borrarme el rojo
de los labios. El rojo
de las uñas. El rojo
de mi dulce estrategia
derrotada.
(Sólo me predices noche)
Las espirales deshechas
con el meñique mudo.
Tuve que gritar,
tuve que callarme las encías,
flanquear la estatua salada
de las vértebras.
(Me susurras noche, me susurras noche)
Los niños, etcétera, se marchan.
Volveremos siempre.
EL TOMATE DEL AMOR, de Violeta Castaño

pliegos de poesía MANUALES DE INSTRUCCIONES
ya está la versión digital, en forma de libro, de los 5 primeros números de los pliegos de poesía “Manuales de instrucciones”.
además podréis hacer el seguimiento de esta nueva y trabajada propuesta en
instruccionesparaabrirunacajafuerte.blogspot.com
nuestra enhorabuena a los editores Víktor Gómez, Javier Gil y Miguel Fernández de la Fundación Inquietudes.
las pandoras os desean un largo y prolífico camino...
Sylvia's Death, un poema de ANNE SEXTON
'Autorretrato' de Sylvia Plath en 1951- UNIVERSIDAD DE INDIANA-HEREDEROS DE SYLVIA PLATH
O Sylvia, Sylvia,
with a dead box of stones and spoons,
with two children, two meteors
wandering loose in a tiny playroom,
with your mouth into the sheet,
into the roofbeam, into the dumb prayer,
(Sylvia, Sylvia
where did you go
after you wrote me
from Devonshire
about rasing potatoes
and keeping bees?)
what did you stand by,
just how did you lie down into?
Thief --
how did you crawl into,
crawl down alone
into the death I wanted so badly and for so long,
the death we said we both outgrew,
the one we wore on our skinny breasts,
the one we talked of so often each time
we downed three extra dry martinis in Boston,
the death that talked of analysts and cures,
the death that talked like brides with plots,
the death we drank to,
the motives and the quiet deed?
(In Boston
the dying
ride in cabs,
yes death again,
that ride home
with our boy.)
O Sylvia, I remember the sleepy drummer
who beat on our eyes with an old story,
how we wanted to let him come
like a sadist or a New York fairy
to do his job,
a necessity, a window in a wall or a crib,
and since that time he waited
under our heart, our cupboard,
and I see now that we store him up
year after year, old suicides
and I know at the news of your death
a terrible taste for it, like salt,
(And me,
me too.
And now, Sylvia,
you again
with death again,
that ride home
with our boy.)
And I say only
with my arms stretched out into that stone place,
what is your death
but an old belonging,
a mole that fell out
of one of your poems?
(O friend,
while the moon's bad,
and the king's gone,
and the queen's at her wit's end
the bar fly ought to sing!)
O tiny mother,
you too!
O funny duchess!
O blonde thing!
A Sylvia Plath
"Oh Sylvia, Sylvia, / con una caja muerta de cucharas y piedras, / con dos hijos, dos estrellas fugaces / errantes en el pequeño cuarto de juegos / con tu boca en la sábana, / en la viga del techo, en la necia oración, / ... / ¡Ladrona! / ¿Cómo te arrastraste dentro, / bajaste arrastrándote sola / al interior de la muerte que yo deseé tanto y durante tanto tiempo, / la muerte que las dos dijimos que estaba superada / la que llevábamos en nuestros pechos flacos, / de la que hablábamos tanto cada vez / que nos metíamos tres martinis de más en Boston, / la muerte que hablaba de psicoanálisis y remedios, / la muerte que hablaba como novias conspiradoras, / la muerte por la que bebíamos, / ¿las razones y luego el acto tranquilo? (...)" Fragmento inicial de La muerte de Sylvia, de Anne Sexton. Traducción de Julio Mas Alcaraz

DIARIO DEL HOMBRE PÁLIDO

El hombre acorralado se vuelve elocuente
George Steiner
Día uno
He aprendido a fumar en el respiradero; es un hueco metafísico atravesado por tubos de calefacción y cemento desconchado. A través de una rejilla silba el aire y recorta un trozo de cielo. Se atisba la arquitectura vagamente totalitaria de una Facultad de Medicina. Tiene gracia, si hubiéramos respetado la última voluntad de papá, él estaría ahora allí, flotando en una piscina de formol, y los estudiantes de Medicina le hubieran puesto de nombre Pepito o algún otro nombre vejatorio y ridículo. Ahora nos saludaríamos, yo desde el respiradero de mi habitación del hospital, él agitando el brazo como un ahogado, implorando un cigarrillo en la piscina de formol de la Facultad de Medicina. Pero mamá se negó a donar su cuerpo a la ciencia, así que a la mañana siguiente, en medio de un paisaje de tundra helada, lo fuimos a enterrar. El cementerio era feo y pueblerino, un recinto de tapias erizadas de cristales de botella, donde crecían ortigas y cardos. A papá se lo llevó un cáncer de pulmón. En seis meses retrocedió hasta la infancia, se hizo pequeñito y luego desapareció por su propio respiradero. Mis médicos son gente extrañísima. Uno tiene un cutis de palidez virginal y acento venezolano; su jefe adopta un gesto sublime, como si siempre estuviera escuchando un cuarteto de cuerda. Yo atiendo a sus indicaciones. Cada día que pasa más me atrae la idea de salir por el respiradero.
Día dos
Los vínculos entre literatura y enfermedad son demasiado evidentes. Es fácil adoptar los ademanes de un san Sebastián, ese icono del masoquismo que tanto obsesionó a la máscara de Yukio Mishima. Es, digámoslo claramente, un poco grosero. La enfermedad no es un hecho premeditado. O no debería serlo. Mishima convirtió su cuerpo en una piedra, en respuesta a su frágil salud. Nadie hace oposiciones a enfermo, como nadie en sus cabales oposita a escritor. El mito sacrificial del artista, que encarnó en la pintura Van Gogh, y quizá Kafka en la literatura, es una lectura posterior que soslaya una evidencia: ninguno de los dos quiso ser un pobre diablo. Ambas condiciones –la enfermedad y la escritura– llegan impuestas, de ahí que los escritores de verdad se sientan tan incómodos al ser preguntados por su condición. Sin embargo, si son preguntados por sus técnicas narrativas favoritas o por sus escritores más amados, hablarán sin parar, igual que los enfermos se vuelven especialmente lenguaraces cuando nos interesamos por sus dolencias. Las buenas maneras invitan a soslayar ciertos asuntos personales. Digámoslo de una vez: escribir no alivia de nada. En realidad, si la escritura dependiera de una cuenta de resultados más valdría dedicarse a otra cosa. Uno, simplemente, escribe. Con permiso, eso sí, del termómetro.
El País de Vukušic

REPORTAJE
La batalla de Déborah Vukušic
Una poeta gallega y croata convierte su primer libro en fenómeno literario
XOÁN ABELEIRA - Madrid - 15/07/2009
Corre el aire en Madrid. En un bar de Lavapiés, abarrotado hasta los goznes, reina un cierto ambiente beat. Esta noche se han reunido allí trece confabuladores que afirman practicar una poesía alternativa, al margen de premios y prebendas. Cada quince minutos, dos nuevas ráfagas de versos corrosivos. Todos interesantes. Más bien por sus temáticas que por sus estilos. Menos modernos, quizás, que el del viejo Arthur Rimbaud cuyo rostro ondea en una camiseta. El cotarro se anima. Juegos y canciones se entremezclan con el vaho de los alcoholes y el humo de las blandas. Sin embargo, todo el mundo parece estar aguardando lo mismo: que suenen las doce y salga al escenario improvisado la principal impulsora del evento. Una mujer nacida en Ourense y criada en Vigo.
'Guerra de identidad' alcanzó en menos de un año su segunda edición
"Busco palabras capaces de erosionar los prejuicios y las mentiras"
"Me llamo Déborah Vukušic / soy dos mitades / mitad gallega y mitad croata / tengo 26 años / 23 de mayo de 1979 / salgo a la luz / Déborah en hebreo / abeja / Vukušic en croata / uši: orejas / vuk: lobo / abeja con orejas de lobo".
Es un manifiesto que todos conocen. Es el inicio de Guerra de identidad, el primer libro, como tal, de una escritora, actriz, guionista y directora que tiene alborotado el ambiente in español. Y al verla interactuar así, en carne viva, los versos de ese fenómeno literario que en menos de un año ha alcanzado su segunda edición ampliada con un nuevo poemario (Cuaderno de batallas) se comprende la razón. Pues esta mujer animal, mitad abeja, mitad loba, es condenadamente buena.
Vukušic (pronunciado vúcusich) comenzó a escribir "en Galicia, desde niña": "Una suerte de vómitos que hace poco destruí". Resumir su trayectoria no es fácil, y eso que apenas ha despegado. Digamos que a los 18 años se fue a Alcalá de Henares a estudiar Filología Hispánica, carrera que completó en Estados Unidos y Francia. Digamos que a los 21 ingresó en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (Resad) para convertirse en la extraordinaria actriz que es ahora y trabajar en cine, teatro y televisión. "En La Abadía hice un cursillo con Ana Vallés, y fue entonces, a partir de improvisaciones personales, cuando empezaron a nacer los textos de Guerra de identidad".
Dos antologías, Poesía Capital y 23 Pandoras, terminaron de lanzarla. Y desde entonces sin tregua. Ahora va a publicar "un nuevo poemario, Perversiones y ternuras", y a participar en "otra antología, Maneras de recogerse el pelo: Generación Blogger", que da cuenta de ese movimiento en el que ella se reconoce.
Vukušic interpreta en cuatro idiomas, incluidos gallego y castellano, en los que habla y escribe. Tal vez por su propia naturaleza, tal vez por su propia herida (de la cual trata su libro, con la guerra de Yugoslavia y la ruptura de su familia como telón de fondo), vive "a autobús" entre España y Galicia, entre una cultura y otra, fundiendo y fundiéndose en ambas.
De hecho, Guerra de identidad está trufado de referencias a su "madre gallega / de poder / de mando", a la que adora, así como a la lengua, a la música, al folclore que mamó de ella. El verano pasado concibió, dirigió y presentó un magazín en Localia, y ahora intenta "filmar un guión basado en relatos de Álvaro Cunqueiro".
La "poesía de la conciencia, de la no-ficción" que esta compoñedora de sí exuda por los cuatro costados aspira "a una verdad limpia, directa, sin retórica de ningún tipo". Apartarse "lo máximo posible de esas reglas academicistas" que ella conoce tan bien. "No busco palabras grandilocuentes sino corrosivas, en el sentido de que sean capaces de erosionar los prejuicios y las mentiras. Que la punta del iceberg se vea por fuera pero que las aguas sean lo suficientemente transparentes como para que también se divise el fondo".
Como ella, sus textos son dos mitades: mitad poesía, mitad teatro. De ahí su admiración por autores como Anne Sexton o Bertolt Brecht, Federico García Lorca o Heiner Müller. De ahí, asimismo, la fuerza que contienen y con la que te atrapan sin remedio. Aun así, no es lo mismo leer sus exorcismos en soledad que sentirlos en su voz. Todos los fragmentos inclasificables de ese diario de guerra interior, todos los escombros de aquella niña que asistió al desmoronamiento de su mundo, son auténticos, no hay duda. Pero el engado de esta croata gallega, de esta gallega croata reside en otro lugar. La verdadera obra de Déborah Vukušic es ella, Déborah Vukušic: la abeja y la loba en acción.
Árbol negro, un poema de Loredhi

una estela de hielo se esconde entre los labios". María Peiró
Me perdonas
que cuando todo me hierve
una estela de hielo se me esconda entre los labios,
que amordace las palabras con escarcha me perdonas
que esté seca de gemidos,
que no aúlle ni siquiera por las noches cuando aúllan las estrellas,
que entre terca en esos sueños que golpean a mi almohada
y adormezca las ideas en pantanos desbordando los colchones.
Me perdonas, que no me vuelva mientras camino tan derecha que doy miedo,
tan derecha que ese temblor de hoja que es muy mío no se note.
Me perdonas que no me abastezca de caricias,
que salude a aquella anciana, servicial, que le ayude a cruzar
y que no vea que las migas van cayendo del bolsillo.
Me perdonas por lo altiva y militar
por lo insolente de mi lengua afilando pupilas a las seis de la mañana,
me perdonas,
que no parpadee,
que no respire,
que mientras la nostalgia rebate voluntades
crezca un árbol negro dentro de mí.
LOREDHI
(tomado del blog Viernes de poetas. Gracias!)
Cuando duermes - Lola López-Cózar
Mirar el mar desde tus ojos parece una frase hecha para ser bonita nada más, pero ahí están tus ojos y la luz, el silencio que rompes cuando puedes venir a preguntar dónde se acaba, cuando vuelves a ser tú necesitando límites precisos, puntos fijos, distancias exactas, tiempo que se tarda sin aproximaciones.
Te acercas desde la comodidad de una hamaca entre árboles a la silla que dividimos cabiendo a poco. Te voy contestando sobre Venus, las estrellas fugaces, la gravedad en forma de manzana y tu piel suave como ninguna otra se introduce en mi garganta que sigue hablando para que no te marches. Y me preguntas si hoy podemos quedarnos hablando hasta la una, la hora más singular y lejana que cabe en tu cabeza de niño. Ese “claro” que dices sé entonces que es mío, aunque a las doce agarre tu cuerpo flaco de princesa con los ojos cerrados y te meta en la cama y te pida un silencio que vas rompiendo sin saber lo que dices, soñando con estrellas y volcanes.
Tu memoria y la mía se van trenzando como la hierba que vas cogiendo río arriba, que enganchas al dedo de tu pie en el primer descanso y por arte de magia conviertes en cuerda mientras no puedo dejar de mirar lo grande que eres. Ya es mío el miedo de tus noches encerradas, los golpes porque existes, el pis en las sábanas durante muchos días. De mí sólo te doy el origen de esta cama antigua donde vienes a ser chico los domingos. Entonces me preguntas cómo naciste aquí y yo te cuento la más bella historia de amor que me ha ocurrido.
El mar, como un imán sobre mis ojos, ha dejado su orilla y su horizonte para vivir en ti. No te quito el frío haciéndote venir para secarte como todas las madres. Te veo tiritar y sé que son las olas, la espuma de tus olas sobre mi pecho firme como un faro.
LOLA LÓPEZ CÓZAR
http://islasila.jimdo.com/
EL HOMBRE LOBO, de Ana Vega

U MINÚSCULA, muda casa, ropa y re-(cuer2)

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"La tonta" y "La amateur", de GEMMA la Santa

pero amiguitos y amiguitas,
sepan tod@s
que también tengo vida,
aunque sea una tómbola,
(y yo sea una bámbola)
tengo mi vida
y a veces salgo del cyber
y no me voy a casa,
o al bar de siempre
a escuchar la bobadas
de algún listillo.
Tiendo al descontrol,
en el sentido más controlado
de la palabra.
Soy obsesiva compulsiva
pero histérica a la vez,
una manía
controla otra,
y esto es un cansancio,
esto me tiene trastornada,
no lo sabéis bien.
Aún así
he bajado
4 kilos
a base de beberme
el agua del váter.
Si no tuviera 24
diría que estoy
completamente
abochornada.
Un cachas guapísimo,
ciclado hasta los dientes,
tatuado hasta la mirada,
me pidió ayer
el número
del móvil.
Yo le dije "mira,
magnífico corsario,
el único número
que te daré es éste,
el del Pc que te corresponde,
para que envíes tus e-mails
de cómo te lo pasas aquí
en vacaciones santillana".
El calor
me atonta,
me dije mientras se iba.
El calor me atonta.
Punto y pelota.
Y frustrada
no escribí
ayer.

pero no ingenua;
recelo de las profesionales;
sospecho de la seriedad;
me río de la academia
a través del mismo hecho
de estar aterrorizada
cuando se me olvida
un acento.
Si no fuera una santa
sería una cerda.
El cliché es una forma
de arder en público.
Soy amateur,
todas son amateur,
pero el espectáculo
continúa y el escenario
es del rapto.
Sufro un constante
síndrome de Estocolmo.
No vale ya decir
que una es de la masa
amorfa y desinformada,
que te meten
lo que quieren
por el agujero y amén.
Es completamente falso.
Ya no somos corderas.
Estamos hiper-sicoanalizadas.
Sabemos muy bien
quién es el culpable,
y nuestro pacto es del sado.
Yo sé que me machacas,
sé muy bien que me machacas,
y aún así te amo.
horas previas a la fiesta, de SUSANA BARRAGUÉS

Horas previas a la fiesta, y algo late en las calles como palmas de peces rebotando sobre el suelo.Es por culpa de ese sonido misterioso, como un hormiguero que trabaja en la oscuridad removiendo la tierra, la sensación de que alguien está cambiando piedrecitas de lugar, que sobreviene la revelación en la mujer, afilada como una fórmula: ¿no es cierto, acaso? ¿no es cierto acaso que ha comenzado ya la fiesta?
Son tan sólo las tres de la mañana, una mujer sin peinar se levanta muy azul en las vacilantes horas previas al inicio de una fiesta, con un haz de nervios abriéndose por las puntas como cables de colores de hilo telefónico. Desvelada por un ataque de miedo a lo inconcreto comienza a preparar una tortilla para el futuro amanecer. Bate huevos descalza, y el sonido del batir en el plato hace que se enciendan algunas luces sigilosas en el patio. “¡Mañana empieza la fiesta!”, siente, angustiada. “¡Y está todo por hacer!”
Horas previas a la fiesta, y algo late en las calles como palmas de peces rebotando sobre el suelo. Es por culpa de ese sonido misterioso, como un hormiguero que trabaja en la oscuridad removiendo la tierra, la sensación de que alguien está cambiando piedrecitas de lugar, que sobreviene la revelación en la mujer, afilada como una fórmula: ¿no es cierto, acaso? ¿no es cierto acaso que ha comenzado ya la fiesta? La gente tiene esa tozudez, la de hacer las cosas en la noche anterior o posterior al día fijado, y en ese tipo de instantes en que suceden cosas ella siempre está dormida o haciendo tortillas, aplicándose dosis generosas de corrector de ojeras y con tapones de cera en los oídos.
No hay nada más terrible que esperar el paso de las horas previas a una fiesta. La mujer enciende la luz de la habitación, desesperada por encontrar un culpable, un cómplice y una víctima de su desasosiego, segura de que ha descubierto la traición final por la que el cosmos impide que todo el mundo se ponga de acuerdo para empezar la fiesta a la hora fijada. “Tú” acusa al hombre que duerme. “Tú me has robado la infancia”.
El hombre mira el reloj, aspaventado, enciende un cigarro, espera a que se mueva la saliva, petrificada como un gel bajo la lengua. ¿Quieres que me vaya? “No” ¿Quieres que me quede? “No”. ¿Quieres que haga algo?”. “No”. El hombre entiende que el “no” es la señal del “Sï”, la señal para entregarse a lo definitivo. Se dirige a la cocina, observa la tortilla a medio hacer y la termina, dejando caer sobre ella ceniza de su cigarro.
El hombre ya está despierto y así ella, íntimamente, ha consumado su venganza preventiva. “Creo que todo el mundo está ya en la fiesta”, dice con voz de sospecha. “Son las tres de la mañana.” “Sí, pero hay ruidos, señales”. “¿Señales?” “He oído una risa” “La gente está durmiendo. La fiesta empieza a las doce de la mañana”. “No” “Sí” “No. Tenemos que ser los primeros. La fiesta empezará cuando yo quiera. Antes de que las cosas empiecen a cambiar de nombre”. “Bien”, responde él. “Entonces que empiece la fiesta”. Abre el grifo. Llena tarros de cristal con macarrones. Dobla los trapos de cocina haciendo coincidir las esquinas con exquisita perfección. Ella le mira y piensa “cómo llegué hasta aquí y por qué”. “Hay que terminar con ellos” y “Pronto me desnudaré de nuevo”.
Él recuerda que al día siguiente tendrá que mover centímetro a centímetro el coche para seguir a la sombra, según esta se vaya desplazando. Ante todo, evitar que el sol caliente el coche y lo haga irrespirable. “Vamos a dormir, Almudena”. “No quiero dormir, quiero vivir” “Quedan siete horas todavía” “¡Tú no me amas conmigo, tu me amas contra mí!” le acusa, y calla.
Así es como la mujer azul se mueve sonámbula y sola en las horas previas a la fiesta, quedándose dormida justo en el momento en que la hermosa fiesta estalla, en un día de lluvia bajo el sol.
TAMPAX by Dirty Princess
23 PANDORAS en 2C (Opinión de Tenerife)

29 de xaneiro do 2002, un poema de OLGA NOVO

