23 PANDORAS en QUÉ LEER (I)

23 pandoras sale este mes reseñada en Qué leer. Yujuuu! Mientras llega a nuestras manos, os dejamos un adelanto que ha aparecido en el blog de la revista... 

25 de Mayo, 2009 | Por Antonio G. Iturbe | 

Falta poesía

En una diligente nota adelantamos en nuestra edición digital los temas del número de Junio deQué Leer. Con tanta o más diligencia llegó la primera protesta: nuestro colaborador y amigoEnrique Villagrasa nos escribió ipso facto para regañarnos cariñosamente por no anunciar entre los temas destacados la reseña de la antología de 23 pandoras (Editorial Baile del Sol) que aparecerá en ese número. La verdad es que al considerar los temas “gordos” del número y los libros más llamativos, ni siquiera se nos había ocurrido mencionar esa antología poética, que parece contener poemarios excelentes. Está claro que la poesía no está en primera línea de fuego informativa. Yo mismo me reconozco un pésimo lector de poesía, desengañado por muchos libros de poemas que no han conseguido hacer mella en mi piel de rinoceronte narrativo que ha terminado por desarrollar un tipo de sensibilidad que me hace emocionarme más con la lectura al azar de cualquier página de Lord Jim o de La conjura de los necios que con un poema de Jaime Gil de Biedma. Pero que yo sea un cenutrio poético no quita para que sea un género seminal en la historia de la literatura y una puerta abierta a un mundo expresivo extraordinario que debe ser valorado y potenciado. Hace pocos días mi mujer me comentaba que le sorprendió ver cómo en la Fnac Triangle de Barcelona habían preparado un agradable rincón con sillas para sentarse cómodamente a escuchar a una persona recitando de manera excelente unos poemarios. Lo único que fallaba es que no había casi nadie escuchando: lugar agradable, lectura poética seductora, gratis… y no había casi nadie. Pues está claro que nos falta sentido poético de las cosas. Todo el mundo tiene demasiada prisa para detenerse cinco minutos a escuchar unos poemas, y después la prisa es para llegar corriendo a casa a enchufar la tele y tragarse durante dos horas las cosas más demenciales o ir al último restaurante de moda y hacer cola hasta que toque el turno de degustar cualquier memez espumada. En cualquier caso, y entonando el mea culpa por ser el primero al que le cuesta entrar en las aguas profundas del mundo de la poesía, quiero expresar mi admiración por la gente que en una tienda de tráfico enloquecido como Fnac Triangle de Barcelona lucha por abrir un espacio poético o por gente como Enrique Villagrasa, que desde Tarragona clama y patalea por el poco caso que hacemos a los poetas. Yo, para chincharlo un poco, le digo a Villagrasa que lo suyo es predicar en el desierto… pero también predicar en el desierto es un acto poético, al que ojalá no renuncie nunca.

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